El local
El aire rehuía de mis pulmones según torcía la manilla. La puerta, ligeramente pesada, aunque no lo suficiente como para constituir un esfuerzo real, chillaba dolida de la falta de mantenimiento. Tomé, a duras penas, una bocanada del frío aire callejero, preparándome para el denso y polvoriento microclima del lugar. Efectivamente, al adentrarme en el interior del local, una densa bruma arenosa, convertía el aire en una sustancia densa, difícil de transitar. Sin embargo, a pesar de la molestia incial, una danza de brillos corpusculares, polvo en suspensión, tornaba el ambiente de un carácter etéreo. Diminutos puntos de luz transitaban la argamasa, como si de estrellas en el firmamento se tratasen, inhundando con su presencia sideral el mundano entorno. Dominado por una predominancia de marrones fríos, el refulgir dorado de los rayos del Sol aportaba los únicos tonos cálidos y, quizá, agradables, de aquel espacio astroso. No obstante, a pesar de mis patéticos intentos ...